Un día como hoy, pero hace un año, le estaba dando comienzo a este blog con un nombre que nunca entendí, con un subtítulo que menos, y en blogspot.
Iba a ser un blog de tecnología, pero se fue deformando y quedó… esto, algo imposible de etiquetar
En fin, no me quiero poner nostálgico ni nada, sólo agradecerles a todos ustedes por bancarme tanto tiempo, contribuir con comentarios, ayudarme, etc.
A lo largo de estos 175 posts (sin contar este) he conocido muchísima gente copada de todos lados (tengo un amigo Paraguayo! xD), he participado en mateadas virtuales, he ayudado a un par a instalar WordPress, he estado un par de meses offline, etc.
Por suerte he llegado a un momento donde no siento un compromiso con el blog, así que si no tengo ganas de escribir no lo hago.
Gracias a (el órden no implica rango de importancia (?)): Rodo, Pato, Flor, Agos, Milton, Negro, Gaby, Alan, Sergio, Lean, Cubo, Teto, Abby, Gustavo, Nach, Gas, Mati, Joaco, Marce, Félix, Fepe, los floggers que aumentaron las visitas xD y a un montón más de gente que seguro me estoy olvidando.
Un brindis virtual, por muchos años más molestándolos y aburriéndolos con mi blog!
Antes de entrar se quedó viendo un rato la vidriera. Ya la había visto un par de día antes, pero no podía no quedarse ante esos vidrios viendo como su música iba quedando en un rincón, dándole lugar a esos discos que sonarían todo el verano. “Es la música que está de moda, amargo” le decían sus amigas. Quizás por eso odiaba tanto las modas.
Después de un buen rato de insultar (por dentro) a las discográficas porque el afiche del último de Daddy Yankee era más grande que el de Metallica, entró y cerró la puerta suavemente, no confiaba en las que se cierran solas.
Cuando dejó de rascarse el derecho y se sacó el flequillo del izquierdo la vio. Y ella a él. Se miraron un par de segundos, pero de esos segundos que pasan lentamente, como en las películas .
Él, sin poder caminar, sin saber qué hacer, sin poder emitir siquiera una sonrisa, pensando que había encontrado a la chica más linda de esa fea (y no demasiado grande) ciudad. Ella, vaya a saber qué, en esta historia el relator no es omnisciente.
Sin mostrarse más nervioso e inseguro que de costumbre, se dirigió al mostrador mientras ella daba vuelta la cara y le contestaba al vendedor que no quería nada más. Mientras esperaba su turno, la inspeccionó con la mirada.
Mentalmente hizo una lista, para después describirla en algún blog de mala muerte:
Rubia (natural, tirando a castaño).
Ojos grandes, llenos de expresión (nunca entendió eso, pero quedaba bien).
Ropa sin colores flúor, jeans viejos, una pulsera chica en la mano derecha, gracias a Dios no era una víctima de la moda.
Cabeza inclinada hacia la izquierda, cuerpo inclinado a la derecha, tratando de formar una figura que él luego encontraría en alguna nube.
Mientras el vendedor terminaba de envolver loqueseaqueellahubieracomprado, le preguntó a él qué necesitaba. Estuvo a punto de usar toda su cursilería y responder “a ella, sólo eso me hace falta. Y envuelvamela para regalo”, pero se contuvo y logró decir, con apenas un hilo de voz, “púas”.
Ella lo miró, nuevamente sin decir nada con la mirada, y dio vuelta la cara antes que él se diera cuenta. Mientras le acercaban la caja y antes de decirle “las de esta fila $1, las demás $2″, reparó en lo que ella había comprado. Ya estaba envuelto y parecía para regalo. Esta vez insultó a la vidriera por no haberlo dejado entrar antes.
Se puso a ver las púas, tocó un par, dobló otras exagerando un poco, como para que se notara que sabía de eso. Esperó un poco, calculando el tiempo, para que los dos tuvieran que salir al mismo tiempo. Mientras le cobraban, ella dijo “chau” y él se apuró, aunque sin resultados. Ella se quedó contando el vuelto, a él no le quedó otra que salir y caminar rápido, sin mirar atrás.
Mientras caminaba, hizo lo que hacía siempre que conocía una chica linda. Pensó en todas las oportunidades que había tenido para hablarle y decirle cualquier cosa, con tal de que ella emitiera una sonrisa, le pegara una cachetada, algo. Lo de “nylon reciclado, ya no saben con qué hacer las púas, no?” le pareció demasiado pelotudo, así que dejó de pensar, llegó a su casa y se tiró en la cama.
“Ya fue… seguro se había llevado el último de Daddy Yankee” fue lo último que dijo, tratando de consolarse, antes de que el ventilador de techo se le cayera encima y lo aplastara, dejando otra víctima del amor y un relato cursi más en la blogósfera.
(Canción que no tiene nada que ver con la historia, sólo el título )
Después de (ponele) 180 días de ir a esa cárcel y sufrir 5.30hs todos los días (menos los jueves que casi eran 12) clases, se terminó mi tortura.
Sin tener que rendir ninguna materia ni nada parecido, ya estoy oficialmente de vacaciones.
Así que ahora voy a poder ocupar todo mi tiempo en dormir, tocar la guitarra, dormir, navegar, dormir, terminar un par de proyectos (lo digo siempre y nunca lo cumplo), descansar, dormir y escuchar música. Y dormir.
Aún sigo en modo zombie, así que cuando me recupere (y se recupere mi pc) volveré definitivamente por estos pagos a molestarlos más seguido.
Adiós, me despido de este hermoso cyber que estoy pagando $2, que no me reconoció el pendrive después de bajar 80mb y que tiene de fondo al Puma Goity cantando “te metí, te metí, te metiste conmigo”