Mafia
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- En serio te lo digo, boludo. Los mafiosos están llenos de minas, preguntale a cualquiera.
Roberto era el más viejo del grupo que se juntaba los miércoles a jugar al póker en la casa de Lolo. En realidad, era el único viejo. Ya estaba llegando a los sesenta, mientras que del resto, el más grande recién tenía 35.
- Tenés el caso del Gordo Ramírez por ejemplo, vos has visto la mujer que tiene. Bah, la pendeja que tiene, porque no creo que pase de los 18. Y mirá lo que es: feo, enano, borracho, pero gangster hasta las pelotas. Es de la mafia de las sangucherías, pesados como ningunos esos tipos.
- Sí, yo lo conozco -dijo Tony sin sacar los ojos de sus cartas-. Fue a la secundaria conmigo, y cuando teníamos el kiosquito solía aparecer para fijarse si no vendíamos sanguches hechos por otros. No era mal tipo. Bah, a mí nunca me hizo nada, dicen que a Rolo lo metió adentro de la heladera y lo dejó ahí un par de horas, pero vaya a saber si es cierto.
- Y en la secundaria tenía todo el levante, no? -preguntó Roberto, tratando de demostrar su punto.
- Ajá. Tenía historias con las que atendían el buffete del colegio.
El viejo venía con ese tema desde hacía varios miércoles. Al principio no le dieron mucha bola y pensaron que era otra de esas tantas teorías que les mostraba todos los miércoles. Antes habían pasado por “las minas que de chicas jugaban bien al volley son más fáciles” y “sin soderos el problema de la infidelidad disminuiría en un 55%”.
Pero cuando repitió la misma teoría 3 semanas consecutivas, se preocuparon. Pensaron que le estaba agarrando Alzheimer al viejo.
- No pelotudo, yo estoy perfecto, esas son boludeces que dicen ustedes para que yo no juegue más a las cartas porque siempre les gano -les dijo (o gritó, depende de lo que usted llame gritar) a los muchachos, y se terminó el vaso de fernet.
- ¿Entonces qué nos pasa? ¿Se nos están acabando las ideas che? ¿O estamos viendo mucho El Padrino? ¿Está todo bien?- preguntó sonriendo Alberto, que era pediatra y siempre hablaba así, aunque al resto le agarrara ganas de partirle una botella en la cabeza. Sólo seguía siendo parte del grupo porque él era el que ponía la casa y la comida.
- No, no es eso -Roberto agachó la cabeza, se mordió el labio inferior, se rascó la nuca y suspiró un par de veces antes de seguir. Es que me aburro. Tengo casi sesenta años y no sé cuántos más me quedan. Y la vida hay que disfrutarla. Me pasé 30 años dandole bola sólo al trabajo, a mi mujer y a Carlitos. Ahora ya estoy jubilado, a Rita se la llevó el Barba (el Barba era su abogado, que se había escapado con su mujer hacía un par de años) y Carlitos ya está en la universidad, o eso dice. Las minas no me dan bola, y no tengo plata para pagarme una puta.
- Ta’ bien, entendemos eso, ¿pero qué tiene que ver eso con lo de los gangsters? No me digás que querés que nos hagamos mafiosos para enganchar minas y conseguír guita para comprar más fernet -se burló Ricardo, el pendejo, que siempre se burlaba de todo.
(sigue después del salto)
Todos se rieron. Todos menos Roberto, que siguió con la cabeza gacha y no dijo nada. Ahí entendieron que Ricardo había dicho exactamente lo que Roberto pensaba, y que iba en serio.. Y que ellos también se aburrían, pese a ser mucho más jóvenes. Nadie dijo nada durante un buen rato. Todos tenían miedo de que los otros no pensaran lo mismo y quedaran como unos locos.
El silencio se rompió cuando alguien tocó el timbre. Era Ramón, el periodista, que trabajaba en el horario que ellos jugaban al póker, pero siempre llegaba cuando estaban terminando para charlar un rato porque no le gustaba estar en su casa (tenía 32 y todavía vivía con sus viejos).
- Che, ¿vieron quién se murió? El Gordo Ramirez. Vos me parece que lo conocías Tony -el Tony hizo un gesto de asentimiento con la cabeza, mientras se terminaba el último sanguchito de jamón y queso-. Dicen que la pendeja que andaba con él lo agarró con su propia ametralladora. Le metió 11 tiros y se fue con Alberto, el de la rotiseria nueva. Parece que el tipo además de la minita quería el monopolio de los sanguches. Cosa jodida esto de ser gangster, ¿no? Tenés un buen tiempo con plata y todas las minas, pero después terminás en un zanjón. O en tu casa con 11 tiros, es lo mismo. En fin. ¿De qué estaban hablando?
Todos se miraron. Roberto por fin levantó la cabeza, los miró a todos con cara de resignación y dijo, con toda la naturalidad que podía fingir:
- Nada, estábamos pensando en ir de putas, ¿no muchachos?.
























jaja Muy buena historia, aunque me quede pensando, yo juego mucho a la bolita… será que podre ser un gangster de eso? me darán bola las minas? No me importa quedar tirado en un zanjón ni nada… pruebo o no?
Ya no tenés un mísero comentario
Como te dije por MSN, me gustó mucho y seguí publicando más cuentos, Maty
полезно почитать спасибо.