Ella no lo sabe. No sabe que miro su foto en escala de grises. Sentada en un gabinete. Hablando por celular. Con el arco de las zapatillas apuntando hacia el mismo lado y la mano izquierda en la rodilla derecha y el tipo que camina por detrás y parece que no camina sino que se desliza y el agua de las fuentes bien arriba, tocando las nubes que nosotros queremos tocar cada vez que hablamos y.

Ella no lo sabe. No sabe que reconozco ese lugar. Que cada vez que paso por ahí -cada vez más seguido, cada vez más a propósito- puteo a ese gabinete vacío, a la fuente que no larga agua, al viento que ya no corre como en esa foto (aunque todas esas ausencias sean insignificantes comparadas con su ausencia), al otoño que hoy dejó de ser otoño, a.

Ella no lo sabe. Obvio, cómo va a saber. Apenas la conozco, apenas me conoce. No sabe que me pregunto (aunque sepa que nunca me podré responder) con quién estaba hablando. Si estaba hablando en serio o era una pose. Quién sacó la foto. Qué pasaba por su cabeza en ese momento. Si miraba a un vendedor de algodones de azucar o a un skater dando una vuelta de esas con nombre raro o a un chico tocando canciones de Flopa Manza Minimal en una criolla o a un perro arrastrándose o.

Ella no lo sabía, ahora se está enterando. Espero que la próxima vez que pase por ahí, el banco no esté vacío. El resto se puede obviar.

Soundtrack (una canción cuyo título viene perfectirijillo):