Aunque seguía los pasos, por dentro permanecía siempre rígido. Y así sigue: en lo más hondo sigue sin ver la razón por la que la gente necesita bailar.

Bailar sólo cobra sentido cuando se interpreta como otra cosa, algo que la gente prefiere no admitir. Esa otra cosa es lo verdaderamente importante: el baile no es más que la máscara. Sacar a bailar a una chica significa hacerle proposiciones; aceptar la invitación a bailar significa el consentimiento a las proposiciones; y bailar es la representación y prefiguración de la relación. Las correspondencias son tan obvias que se pregunta por qué la gente se molesta en bailar. ¿Para qué arreglarse, para qué los movimientos rituales, para qué la gran parodia?

J.M Coetze, de su libro Juventud

Juro que algún día cuando alguien me pregunte “¿por qué no bailás?”, en vez de responder “porque soy tímido”, “porque soy de roble (o algarrobo, cambio según el día) para bailar” o “porque no tengo ganas, la puta que te parió, qué carajo te importa”, voy a contestarle con este texto. Y no me va a escuchar, obviamente, porque la música va a estar muy alta.

No bailo, no… ♫