-Que esa droga nos da risa
luego nos marea.
Hermana Sista – IKV

Toma una. Dos. Tres. A la cuarta ya no se da cuenta de lo que hace, de lo que ve, de lo que piensa -si es que. Baila, salta, grita, canta, se marea, se tira al piso, mueve la cabeza al ritmo del ruido que sale por los parlantes, agarra una fibra roja y se escribe en el brazo “van a ver cuando pueda levantarme” y dibuja una corchea al lado y se ríe, tan fuerte que el ruido que sale por los parlantes se va convirtiendo de a poco en música.  Cuando logra levantarse de nuevo, golpea una almohada contra el placard y las plumas vuelan como en ese videoclip que veía mi hermana todos los días en aquel invierno del ’99  y yo no paro de escribir sin pensar y de ver sin decidir.

Estoy acostado, viéndola, preguntándome por qué no soy así de loco, por qué la elegí tan loca, por qué uso tantas comas.  Cuando siento su lengua en mi oreja me doy cuenta que no hay tiempo de pensar ni de escribir más. Lo único que queda es dejar la lapicera y empezar a tomar. Total, mi cabeza está quemada desde mucho antes de que ella (y sus sustancias) llegaran.

Lo único con lo que tendré que lidiar va a ser la adicción. A ella, digo.

NdM: Este post está hecho sin drogas. El editor de este blog no hace apología de ni nunca ha tomado drogas. Salvo que consideren a la música una droga. En ese caso sí, es zarpado drogadicto.