En el borde
+info-infoPublicado el Domingo 3 de octubre del 2010 a las 11:38 pm por Matías
Categorías: Cuentos, De noche, Relatos?
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Caminar por los pasillos de este hospital es caminar por la cornisa, pero con baranda, sabiendo que los que están dentro de cada habitación no las tienen y por lo tanto, necesitan mantener el equilibrio. ¿Cómo mantener el equilibrio sin poder reaccionar, sin poder moverse?. Saber que no lo puedo sostener si se empieza a caer es lo que me trae acá a las 4 de la mañana, con ojeras de 2 semanas y culpa por tantas palabras que quedaron dentro.
Cuando llega el ascensor entro, me siento un rato en el piso y pienso. Pienso que aún si el ascensor se cae, a mí no me va a pasar (casi) nada. Pero al viejo que está en una camilla, lleno de cables y enfermeros cuidándolo, sin moverse, sí, sí le puede pasar algo.
Llego al segundo piso y está vacío. No es horario de visita, pero todos duermen, así que nadie me nota. Puerta por puerta voy revisando y viendo cómo en los hospitales no hay diferencias: camas malas, luz tenue y pisos resbaladizos para todos. La antesala de la muerte es otra muerte.
En la penúltima puerta lo encuentro. La panza al aire como siempre, panza sobre la que dormí tantas siestas siendo un pendejo con más mocos en la nariz que palabras bien pronunciadas. Ella le sostiene la mano y mira por la ventana mientras, supongo, reza. Nunca durmió, menos va a dormir ahora.
Me acerco despacio y me siento al lado de ella. Agarro la mano libre que tiene cada uno y sonrío, esperando algo mejor. Si no lloramos es porque ya estamos secos, y porque llorar, lloran los débiles. No tendremos fe, pero tenemos fuerza.
Con la mirada perdida, nos quedamos viendo por la ventana. En el horizonte se ven fuegos artificiales. Alguien se ríe en la calle, alguien rompe bolsa en el estacionamiento, el viejo tose. No es un buen día para morir. Menos para ver morir.















