AlPoderoso

Archivo de noviembre del 2010

La escuela nunca me enseñó

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Publicado el Lunes 22 de noviembre del 2010 a las 2:23 pm por Matías
Categorías: Cuentos, Relatos?

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Tendría que aprender a salir del cascarón 50 minutos antes de salir 50 minutos tarde. A no lagrimear cuando el viento me pega en la cara, o cuando el mundo me pega, directamente. A trepar con mi mano por las escaleras de tu pelo, sin tropezarme, sin enredarte. A creer en que hay algo que creer, algo que esperar de la vida. A recordar los olvidos, a olvidarme que no recuerdo nada. A tolerar a los intolerantes, a darle una chance a los estúpidos, a entender que yo también soy ambos. A ser más elegante en mi derrota. O en general. A empaparme de mí mismo, que total la vainilla no va a caer en el café con leche. A recordar que Lou Reed no es Piero (ni viceversa). A soñar con un futuro más grande, a aceptar las batallas perdidas, a subir el brillo y el color a la vida que me pasa por delante de los ojos como una serie de televisión. A no morderme los labios cuando extraño tu boca. A usar esa llave universal que desenrosca los tornillos robados. A no perseguir mi propia sombra. A escribir, si queda tiempo. Y algún día, a aprender.

¿No ven todo el fuego?

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Publicado el Martes 9 de noviembre del 2010 a las 1:21 pm por Matías
Categorías: Cuentos

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Cuando el fuego crezca quiero estar allí
Redondos – Yo, caníbal

Escuchó por ahí que esa era la noche más larga del año. No lo creyó, para él el tiempo era (es) relativo, pero no dejaba de ser una buena oportunidad para ejecutar el tan pensado plan.

Buscó la regadera del patio llenada con la correspondiente nafta premium (no era momento para reparar en gastos) y empezó a rociar todo el perímetro de la casa. Después, estratégicamente trazó una línea que recorría el interior, terminando en su habitación. Cuando terminó salió de ahí llevándose nada más que el oso de peluche de la infancia de su hija (tan lejos, tan desaparecida ya) y el cartel en mayúsculas que rezaba “perdoná papá, pero no puedo más. te voy a extrañar. nos vemos allá arriba (espero)”. Ese que había pegado con la gotita antes de dejar caerse, antes que la soga le quitara todo el aire.

Se fumó el último cigarrillo y lo tiró en el inicio del sendero de la nafta. Cuando todo empezó a convertirse en fuego, se alejó y se sentó a ver el hermoso espectáculo desde la playa.

Esa mañana, cuando salió el sol (bien tarde, los astrónomos no se habían equivocado), la casa ya era sólo una antorcha apagándose. A él, un atleta que corría por ahí cerca lo encontró. La bala había atravesado su pecho y se había incrustado en el corázón de plástico del oso, haciéndolo pedazos.

Los diarios al publicar la noticia, olvidaron decir que el suyo ya estaba destruído desde un tiempo antes.

23/06