Supe tener un gato amarillo que mugía en inglés y en sus tiempos libres movía las patas delanteras al ritmo de I want to hold your hand. Lo asesiné el día que empezó a hablar y dijo que Jesús era más grande que los Beatles. Nunca le di mucha importancia ni a ellos ni a la religión, pero la verdad es que los gatos que hablan siempre me generaron cierto rechazo