De la angustia esa que uno siente los domingos a las 7 de la tarde, “Cine espectacular” en canal 9. De afeitarse cada 3 días, cada 6 en verano. De lo incómodo que debe ser coger en un jacuzzi. De que Kashmir, Xanadu, Shangri-La han sido (casi siempre) fuente de inspiración para buenas canciones, que sería genial que existan, que las agencias de viaje deberían tener packs para ir. De que por más que amemos la oscuridad, las mejores fotos se sacan con un buen sol. O de última, con el mundo fuera de foco. De la gente que dice “fornicar”, y si existen en serio o es sólo un mito. De todo lo que pensamos y odiamos sobre las religiones y los libros de autoayuda. De que los discos remasterizados pierden esa suciedad tan linda, y que tan poco se escucha en estos tiempos (la suciedad en los discos de calidad, y no al revés, que eso abunda). De las pelotas naranjas en la nieve, de formas hexagonales en las nubes, del mínimo buen uso posible de colores fluorescentes, hasta de la diferencia entre “fluo” y “fluor”. De la vergüenza que me da cuando me olvido de cortarme las uñas y quedan largas, y de lo mucho que me sirve tocar la guitarra para poder tener una excusa. De que la primavera tiene un olor, un aroma especial -ese mismo que provoca una de mis tantas alergias. De que ya nadie pone puntos al final de las oraciones. De mi insoportable gusto por usar paréntesis hasta espantar a los ocasionales lectores. De qué voy a hacer el día que tenga que empezar la facultad y vea a la secundaria como una simple mancha agradable, y no una mancha insoportable con forma de grano en la cara como lo es ahora. De mi simpatía por Bob Esponja, aunque generalmente las chicas lindas lo odian. Del maldito amor que tanto miedo da, de sueños en los que uno choca contra una pared que podría saltar, de casos curiosos de asesinos seriales. De la insoportable levedad del ser, qué sé yo.

De todo eso y de mucho, mucho más le podría haber hablado, pero la conquisté en silencio, y a eso me acostumbré. Cuatro o cinco días después de seducirla, desapareció. Desde entonces ya no paro de hablar. Creo que es porque desde entonces, cada vez que ve una mujer, mi conciencia no se calla.