Su ventana indiscreta tenía rejas invisibles, o eso supusimos todos. Si no no se explica porqué nadie se animó nunca a entrar y sacarla a bailar, cada vez que ponía un disco en francés y se movía como si el buzo no le quedara largo, la edad corta y la cama demasiado desamparada.
Dicen que todavía sueña con un loft en París, un pintor que regale orgasmos a estudiantes de intercambio y todos los clichés post película independiente. Nosotros, desde lejos, seguimos pensando en entrar de improviso y darle un futuro mejor, menos superficial. Bah, hacerla mierda contra el colchón y escapar cual ladrón de vanidades, qué tanto.