Archive de la categoría ‘Relatos?’

Navidark

+info-info


Publicado el Lunes 27 de diciembre del 2010 a las 12:20 pm por Maty!
Categorías: De mí, De noche, Relatos?

Compartelo:


 

I
Navidad, 3:02 de la mañana. Novia a muchos, muchos kilómetros. Digamos que mil, para redondear. Alcohol en sangre, no mucho, pero lo suficiente para empezar una hoja en blanco dada vuelta y darse cuenta luego de escribir las primeras palabras. “No, no salgo” respondo a cada insistente pregunta acompañada de una sonrisa navideña. 18 años y no salgo. Y no salgo y qué?. Kyuss suena en los auriculares para que haya angustia pero no se note. Bien fuerte, como debe ser.

Que bien me vendría una buena caja de dinamita. Pará, creo que no hace falta: en cualquier momento estallo yo.

II
¿Qué es la navidad? pregunto. No hay nadie despierto acá para poder contestar. Afuera todavía se escuchan algunos fuegos artificiales marca aguinaldo, el reggaetón de adolescentes que sí salen  y no escuchan Kyuss para que haya angustia pero no se note, los perros que le ladran a una luna por la que que ningún trineo llevado por renos (¿renos? ¿en serio, renos?) pasará.

Reviso en la mochila de las navidades pasadas y encuentro la emoción, la felicidad y la expectativa de la infancia. Pero también la angustia, la inconformidad y la indiferencia de la adolescencia. Y en un bolsillo chiquito, con el cierre medio roto, la religión que antes llevaba de cadenita en el cuello extinguiéndose tan rápido como esos fuegos artificiales que de a poco van dejando de molestar al cielo.

Por favor, denle un tranquilizante a esos perros. Dos para mí, al plato. Gracias.

III
Al celular llegan varios mensajes: sólo importa el de ella. Los de evangelización me caen mal, las cadenas me parecen algo robótico. Se salva también uno personalizado donde se habla de drogas y discos de Maná (él me conoce mejor que varios robots). Y ella que no atiende. Y yo pidiendo una señal a algún Dios. “No hay señal acá” me contesta (ella). Ah, ok, perfecto. Miro al cielo y pregunto si me están cargando  desde allá arriba, si les cayeron mal los chistes blasfemos que hice o se pusieron todos en pedo con sidra angelical y querían joder a algún pelotudo. (Es fija ya que la gente piense en mí cuando necesita joder a algún pelotudo. A esta altura ya no sé si sentirme  halagado).

Me sorprendo a mí mismo pensando en mí. En mi inhabilidad de pensar. En mi sensibilidad fingida frente a varios personajes que no significan nada, cuando una fecha así no significa nada espiritual para mí(más que encuentros, comida, familia y demás. O sea, un domingo más). En cómo la gente parece que confunde navidad con año nuevo. En que no es tiempo para hacer un balance sobre el año, pero con la tranquilidad de que la balanza se va a inclinar para el buen lado, y la esperanza de que no exista resaca por los malos tragos (nada peor que tirarle alcohol a las heridas).

IV
Estuve toda la tarde de ayer (o sea, escasas horas atrás) escuchando Pescado Rabioso, tratando de inspirarme ante tanta belleza y poesía. Ahora sólo resuena en mi cabeza, produciendo un dolor insoportable -que no es culpa del alcohol, no-, la frase que se repite acompañando a la parte más emotiva musicalmente de la canción: “No tengo más Dios”. ¿Cómo hago para poder escribir algo ante una perspectiva así? ¿Cómo hago para no pensar en otra cosa cuando esa revelación que me toca desde tan cerca se mete en mi oído interno y no quiere salir?.

Probé, pero no puedo escribir los versos más tristes esta noche. Todos están cargados de rabia, angustia y autocompadecimiento, pero nada de tristeza. Todos apuntan a que cuando los termine de escribir me dé cuenta que las cosas no están tan mal, que hasta están demasiado bien. Y entonces la birome se convierte en un desastre natural y las palabras se vuelven un torbellino de tinta ilegible. Pero para bien, eh.

V
Te puedo nombrar ya, acá mismo, sin soplar ni repetir los regalos de los últimos, ponele, 14 años. Y mis sentimientos al recibirlos. Y al otro día de recibirlos. Y cuándo fue que la pelota inflable para la pileta se pinchó, cuándo el Sega Genesis dejó de andar, cuándo el disfraz de Batman me quedó chico.

Y la historia de cuando Papá y Mamá discutieron antes de llegar a la casa de los tíos, cuando se dieron el abrazo que para mí significó (y significa aún hoy cada vez que pelean) un “Está todo bien Mati, no te angusties, somos así”, cuando abracé a cada uno a las 12 y pedí que todo cambie de una vez. No, no cambió nunca. Pero el abrazo a los dos se repite año tras año y algo de esperanza da, aunque ya no pida nada.

Te puedo contar también sobre lo que siento y he sentido cada año de mi adolescencia después de que las luces se apagan y los perros dejan de ladrar, después de que Santa Claus termina de entregar discos de Björk en Islandia, después de que el último muerto en la ruta por exceso de alcohol es retirado por un forense con el estómago lleno de pasas de uva bañadas en chocolate.

¿Pero para qué angustiarte? Podés vivir sin saberlo.

Soundtrack:

La escuela nunca me enseñó

+info-info


Publicado el Lunes 22 de noviembre del 2010 a las 2:23 pm por Maty!
Categorías: Cuentos, Relatos?

Compartelo:


 

Tendría que aprender a salir del cascarón 50 minutos antes de salir 50 minutos tarde. A no lagrimear cuando el viento me pega en la cara, o cuando el mundo me pega, directamente. A trepar con mi mano por las escaleras de tu pelo, sin tropezarme, sin enredarte. A creer en que hay algo que creer, algo que esperar de la vida. A recordar los olvidos, a olvidarme que no recuerdo nada. A tolerar a los intolerantes, a darle una chance a los estúpidos, a entender que yo también soy ambos. A ser más elegante en mi derrota. O en general. A empaparme de mí mismo, que total la vainilla no va a caer en el café con leche. A recordar que Lou Reed no es Piero (ni viceversa). A soñar con un futuro más grande, a aceptar las batallas perdidas, a subir el brillo y el color a la vida que me pasa por delante de los ojos como una serie de televisión. A no morderme los labios cuando extraño tu boca. A usar esa llave universal que desenrosca los tornillos robados. A no perseguir mi propia sombra. A escribir, si queda tiempo. Y algún día, a aprender.

En el borde

+info-info


Publicado el Domingo 3 de octubre del 2010 a las 11:38 pm por Maty!
Categorías: Cuentos, De noche, Relatos?

Compartelo:


 

Caminar por los pasillos de este hospital es caminar por la cornisa, pero con baranda, sabiendo que los que están dentro de cada habitación no las tienen y por lo tanto, necesitan mantener el equilibrio. ¿Cómo mantener el equilibrio sin poder reaccionar, sin poder moverse?. Saber que no lo puedo sostener si se empieza a caer es lo que me trae acá a las 4 de la mañana, con ojeras de 2 semanas y culpa por tantas palabras que quedaron dentro.
Cuando llega el ascensor entro, me siento un rato en el piso y pienso. Pienso que aún si el ascensor se cae, a mí no me va a pasar (casi) nada. Pero al viejo que está en una camilla, lleno de cables y enfermeros cuidándolo, sin moverse, sí, sí le puede pasar algo.
Llego al segundo piso y está vacío. No es horario de visita, pero todos duermen, así que nadie me nota. Puerta por puerta voy revisando y viendo cómo en los hospitales no hay diferencias: camas malas, luz tenue y pisos resbaladizos para todos. La antesala de la muerte es otra muerte.
En la penúltima puerta lo encuentro. La panza al aire como siempre, panza sobre la que dormí tantas siestas siendo un pendejo con más mocos en la nariz que palabras bien pronunciadas. Ella le sostiene la mano y mira por la ventana mientras, supongo, reza. Nunca durmió, menos va a dormir ahora.
Me acerco despacio y me siento al lado de ella. Agarro la mano libre que tiene cada uno y sonrío, esperando algo mejor. Si no lloramos es porque ya estamos secos, y porque llorar, lloran los débiles. No tendremos fe, pero tenemos fuerza.
Con la mirada perdida, nos quedamos viendo por la ventana. En el horizonte se ven fuegos artificiales. Alguien se ríe en la calle, alguien rompe bolsa en el estacionamiento, el viejo tose. No es un buen día para morir. Menos para ver morir.

Escala de grises

+info-info


Publicado el Lunes 21 de junio del 2010 a las 2:44 am por Maty!
Categorías: Cuentos, De noche, Relatos?

Compartelo:


 

Ella no lo sabe. No sabe que miro su foto en escala de grises. Sentada en un gabinete. Hablando por celular. Con el arco de las zapatillas apuntando hacia el mismo lado y la mano izquierda en la rodilla derecha y el tipo que camina por detrás y parece que no camina sino que se desliza y el agua de las fuentes bien arriba, tocando las nubes que nosotros queremos tocar cada vez que hablamos y.

Ella no lo sabe. No sabe que reconozco ese lugar. Que cada vez que paso por ahí -cada vez más seguido, cada vez más a propósito- puteo a ese gabinete vacío, a la fuente que no larga agua, al viento que ya no corre como en esa foto (aunque todas esas ausencias sean insignificantes comparadas con su ausencia), al otoño que hoy dejó de ser otoño, a.

Ella no lo sabe. Obvio, cómo va a saber. Apenas la conozco, apenas me conoce. No sabe que me pregunto (aunque sepa que nunca me podré responder) con quién estaba hablando. Si estaba hablando en serio o era una pose. Quién sacó la foto. Qué pasaba por su cabeza en ese momento. Si miraba a un vendedor de algodones de azucar o a un skater dando una vuelta de esas con nombre raro o a un chico tocando canciones de Flopa Manza Minimal en una criolla o a un perro arrastrándose o.

Ella no lo sabía, ahora se está enterando. Espero que la próxima vez que pase por ahí, el banco no esté vacío. El resto se puede obviar.

Soundtrack (una canción cuyo título viene perfectirijillo):

Hysteria

+info-info


Publicado el Martes 1 de junio del 2010 a las 9:25 pm por Maty!
Categorías: Cuentos, De noche, Relatos?

Compartelo:


 

Me vas a hacer feliz, vas a matarme con tu forma de ser” canto despacito, desafino y sufro, mientras ella clava sus uñas en mi espalda, en mis brazos, en mis dedos. Eso que estábamos tomando ya se terminó, las burbujas en nuestras lenguas desaparecieron, por la ventana ya no entra luz. Ahora sólo queda su sonrisa malévola diciéndome sin decir que no pero que sí, que quiere un beso pero que nuestras bocas no se tienen que tocar, que ya hemos estado tan cerca y tan lejos que no sabe diferenciar su perfume del mío, que me quiere, que no.

Cuando nos cansamos de este juego de histeria para dos, nos sentamos bien distanciados, casi sin mirarnos  y empezamos a leer las reglas.  Según nuestro manual de comportamiento cuasi adolescente, el que cede primero, pierde.

Lo que no nos damos cuenta es que en definitiva, no importa el órden, ni el tiempo: en esta noche, los dos vamos a terminar ganando. ¿O perdiendo?

Soundtrack:

Musa

+info-info


Publicado el Sábado 17 de abril del 2010 a las 2:33 am por Maty!
Categorías: Cuentos, Relatos?

Compartelo:


 

Un cielo azul, sin estrellas, aburrido. La copa de un árbol que el viento apenas roza. El farol de la calle de atrás. Unos cables que probablemente conducen la electricidad que usa la lámpara que me ilumina al escribir esto.
Veo eso por la ventana y trato de encontrarle algo de poesía, ¿pero cómo encontrar la poesía si en este momento ella, que es mi cielo, mi viento, mi farol, mi cable a tierra, mi musa más maldita, no está?.
Ahora entiendo lo que quiere. Ahora entiendo por qué no la entiendo, por qué a veces -por qué hoy- se va a mitad de la noche sin siquiera un beso en la frente, dejándome  con un vacío ahí, justo ahí,  y mirando la ventana, recordando algún beso que nunca le di, unas palabras que tanto nos hirieron, esa canción que siempre quisimos cantarnos al oído.
Quiere -mientras revisa al otro día lo que escribo- encontrarse con algo como esto; enterarse que, aunque no se lo diga, es mi cielo, mi viento, mi farol, mi cable a tierra.
Y sentirse, finalmente, la musa más maldita.

Soundtrack: